La metáfora de la Avenida de Mayo I

Llevo tiempo sin escribir en el Blog por falta de tiempo y porque he estado de viaje en mi querido Buenos Aires, la ciudad que me vio nacer y a la que tanto cariño sigo profesando.

Durante mi estancia tuve el honor de ser recibido por la Junta Directiva de la Asociación de Amigos de la Avenida de Mayo, presidida con gran acierto por mi buen amigo D. Manuel Juan Pérez Amigo.

La reunión se celebró en el magnífico edificio de la Fundación Cassará que la arquitecta Dña. Ana María Carrió (también miembro de la Junta) ha restaurado, desarrollando una arquitectura de gran calidad, respetuosa con el brillante pasado del edificio, pero adaptándolo a las funciones culturales de la Fundación. Ella misma tuvo la amabilidad de enseñarme su trabajo y quedé encantado con la visita y la reunión.

Ya de regreso a mi también querido Madrid, he pensado mucho en la Avenida de Mayo.

Mi presencia en la reunión arranca de  que mi propio padre también fue un personaje de esa Avenida. Cuando llegó con quince años a Buenos Aires como emigrante desde su Asturias natal en 1926, quedó fascinado por ella, por la grandiosidad de sus edificios por la elegancia de sus cafés, hoteles y la de las personas que los llenaban. Se propuso a sí mismo en ese momento que ahí es donde desarrollaría algún día su actividad empresarial.

Con mucho esfuerzo y ayuda de Dios lo consiguió y cuando yo nací él ya tenía su negocio principal en la Calle Salta semiesquina a la Avenida de Mayo. Por allí se movía, allí tenía a sus mejores amigos con los que se reunía a tomar café en el Hotel Castelar o a comer en Restaurante El Hispano. Siendo yo un niño pequeño, le acompañaba los sábados y también me sentía impresionado por la monumentalidad y belleza de los edificios de esa Avenida, por eso siempre ha formado parte de la vida de nuestra familia y seguimos estando por allí y siendo amigos de ella.

Pero recordemos un poco la historia:

Todo comenzó en Buenos Aires con la Revolución del 25 de Mayo de 1810,  mediante ella se depuso al Virrey español y se formó el primer Gobierno argentino, si bien no será hasta 1816 en que tras muchos avatares la Argentina se independizó de España y proclamó su definitiva y plena independencia en Tucumán. Durante esos años en principio los argentinos siguieron gobernando en nombre del Rey de España, pero como bien sabemos España estaba invadida por Napoleón Bonaparte que había nombrado “Rey” a su hermano José I, y bastantes problemas tenia ese “Rey” en España con los españoles como para preocuparse de los problemas de ultramar con los argentinos.

Cuando en 1814 Fernando VII vuelve al trono, no ve con buenos ojos aquel gobierno “en su nombre”, y quiere recuperar a la Argentina para la Corona de España, nombrando un nuevo Virrey, pero era demasiado tarde. Aunque hubo batallas entre Realistas e Independentistas, el General D. José de San Martín, paradojicamente hijo de emigrantes españoles (concretamente de Palencia) y formado militarmente en España, tenía controlada la situación y venció finalmente ganando la independencia. Aunque finalmente y para vergüenza de la Argentina terminaría sus días exiliado y olvidado en Francia, concretamente en la ciudad de Boulogne sur Mer (este General es un personaje histórico interesantísimo del que recomiendo documentarse).

Pasan los años y en 1894 se inaugura la Avenida de Mayo, tras no llegaba a 80 años desde la independencia la ciudad de Buenos Aires como capital de la Repúbica Argentina ya se codeba con las grandes capitales del mundo.

La idea de una gran Avenida que además tuviera el simbolismo de unir al poder ejecutivo con el poder legislativo de la Nación había nacido antes en la mente de uno de los más preclaros Presidentes que ha tenido la Argentina: D. Domingo Faustino Sarmiento, un liberal ilustrado muy culto que había traído de París las enseñanzas que el Prefecto de la Ciudad: Barón Haussmann estaba aplicando en la capital del Sena, leáse la apertura de grandes Avenidas eliminando barrios insalubres de casas hacinadas y engrandeciendo la ciudad.

Además en el caso de la Avenida de Mayo sus obras permitieron hacer simultáneamente un túnel para el ferrocarril y otro encima para el Subte, que sería realizado por la empresa de un gran Ingeniero de Caminos español, el Conde de Guadalhorce que decoraría las estaciones con azulejos vidriados sevillanos que representan escenas típicas españolas (y aún siguen ahí), todo esto por supuesto estaba en la vanguardia técnica más avanzada para la época.

Ni que decir tiene que con el paso de los años la Avenida siguió engandeciéndose con los mejores edificios de viviendas de lujo para la burguesía más acomodada de Buenos Aires, de oficinas como el incomparable Edificio Barolo, de los mejores Hoteles como el Castelar, donde se alójó entre otros famosos D. Federico García Lorca durante su estancia en la capital del Plata, y de los mejores cafés como el Café Tortoni, otra de las joyas de esa incomparable Avenida, o locales para disfutar el tango como Los 36 Billares.

Y a estas alturas ustedes se preguntarán ¿y dónde está la matáfora?

Pues bien la metáfora viene en la evolución de la Avenida a lo largo de los años, y esa evolución ha sido tan paralela a la evolución de la propia República Argentina como país, que desde mi punto de vista no existe un espejo, un reflejo, una enseñanza mejor para los argentinos que la evolución urbanística y edilicia de la Avenida de Mayo a lo largo de los años.

Solo tenemos que fijarnos en ella con detenimiento para ver cuál ha sido la historia  de ese gran país desde 1894 hasta nuestros días.

Allí sigue, comunicando al Congreso de la Nación con la Casa Rosada, sede del Gobierno de la República, pero ¿Cómo sigue? ¿Cómo ha ido cambiando y evolucionando?

En el siguiente capítulo hablaré de ello.

Miguel Ángel Álvarez

Interior del Café Tortoni

Interior del Café Tortoni

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2 comentarios to “La metáfora de la Avenida de Mayo I”

  1. Manuel Bouzas Cavada Says:

    Interesante historia. Espero que la segunda parte no tarde mucho en ver la luz.
    Curioso el paralelismo entre las vidas de San Martín y Bolivar: Ambos criollos (hijos de españoles) formados en España, exiliados tras sus victorias y fallecidos fuera de su patria. Se ve que en América no solo hemos dejado lo bueno (el idioma, la cultura…) si no también ese espíritu envidioso y cainita que llevamos impregnado en nuestro mas profundo ser hispano.

    • agarquitectura Says:

      Gracias querido Manuel por leerme y por tu comentario. Es evidente lo que dices, tanto que a mí que tan bien conozco (y quiero) a España como a la Argentina (supongo que pasa lo mismo con otros países de Sudamérica), me resulta a veces increíble que todavía pueda haber divisiones entre nosotros cuando somos lo mismo, y tendríamos tanto que aportar al mundo como cultura unida. Será por nuestro estigma envidioso y cainita como dices. Un abrazo

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