El Edificio Telefónica: Un americano en Madrid

El pasado 18 de Noviembre la Alcaldesa de Madrid Dña. Ana Botella presentó en el Ayuntamiento el libro del hermanamiento entre la Avenida de Mayo de Buenos Aires y la Gran Vía de Madrid. Este libro es una iniciativa de las Asociaciones de Amigos de ambas Avenidas. Por invitación de la de Amigos de la Avenida de Mayo, a la que tantos lazos familiares y afectivos me unen, redacté dos Capítulos que se han incluido en el mismo. Tras la publicación del primero sobre la Gran Vía , el pasado día 8, publico hoy el segundo y último relativo a mi edificio favorito de esa Avenida: El Edificio Telefónica.

Portada Libro Gran Vía y Avda de Mayo
Los inicios de la telefonía en España se remontan a finales del Siglo XIX, no obstante su desarrollo es lento en un principio y convive durante muchos años con un sistema de comunicación interurbano de mayor arraigo y probada eficacia: La telegrafía, que se consideró hasta finales del Siglo XIX y principios del XX como el único sistema de comunicación complementario con el tradicional del correo escrito. De hecho la Compañía de Correos en España se denominó: Correos y Telégrafos, y en sus edificios se unían ambas actividades.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918)  demostró que las comunicaciones telefónicas eran mucho más rápidas, eficaces y sobre todo directas, y a partir de entonces el desarrollo de la telefonía fue parejo al declive de la telegrafía.

Estados Unidos, ya entonces a la cabeza del desarrollo tecnológico, fue el país en el que tras la contienda se perfeccionó la telefonía con mayor rapidez, en consecuencia cuando España decidió dar un impulso a este sistema, en 1924, contrató a la americana IT&T (International Telephone & Telegraph), en régimen de monopolio,  para que unificando a las diversas pequeñas compañías españolas que habían ido naciendo al calor del nuevo negocio, emprendiera la prestación de un servicio público de primera magnitud para todo el país, con la calidad requerida por particulares y empresas.

La Gran Vía era el nuevo proyecto urbano más emblemático de Madrid, era la modernidad, había dado comienzo en 1910 y en 1916 tenía terminado su primer tramo, desde la Calle de Alcalá hasta la Red de San Luis, e inmediatamente había dado comienzo la ejecución del segundo, desde la Red de San Luis hasta la Plaza de Callao, un tramo llano, de calzada más ancha, que en principio se pensó con bulevar (aunque el incremento, ya entonces, del tráfico rodado lo impidió), y por tanto la Avenida en la que todo lo mejor de Madrid quería instalarse.

La neutralidad española en la Primera Guerra Mundial, había dado al país una notable prosperidad económica y permitió continuar los trabajos de la Gran Vía sin que la contienda bélica les afectase.

IT&T había desembarcado en España con una pléyade de sus mejores ejecutivos y técnicos, viendo que el suministro del servicio telefónico en nuestro país era un gran negocio, que además les podría permitir intentar extenderse por otros países europeos, por tanto no escatimaron medios e impulsaron la empresa con grandes inversiones. No obstante también pensaban en atraer a inversores españoles que quisieran entrar en el capital de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), para crear un maridaje más adecuado con el país que les acogía y rentabilizar su inversión.

Así las cosas, era lógico que Telefónica (IT&T) pensara en la Gran Vía para edificar su sede más emblemática, su central española, y ya que el primer tramo de la misma estaba ejecutado, pusieron sus ojos en el segundo.

Los Grandes Almacenes comenzaban también su andadura y la firma: Grandes Almacenes Victoria tenía el mejor solar de la Gran Vía, en la misma Red de San Luis, en el comienzo del segundo tramo, cuando la Avenida comenzaba a ensancharse, con una plaza delante de su fachada, previsto para construir su gran edificio.

Debieron ser importantes las cantidades de dólares que convencieron a estos empresarios de buscar otro lugar para sus Grandes Almacenes, pero lo cierto es que Telefónica se hizo con ese magnífico solar para construir su emblemática sede.

Desde el punto de vista arquitectónico el primer tramo de la Gran Vía es el más novecentista, el más parisino, desde sus comienzos en 1910 nadie se había atrevido a proyectar un edificio realmente moderno, como los que ya se empezaban a ver en las revistas de arquitectura que se estaban proyectando en Chicago o Nueva York, y así seguían las cosas en 1924.

Hay varios edificios en ese tramo que llamaron la atención por su calidad y belleza, pero fue especialmente feliz la solución de la charnela con la Calle de Alcalá donde se produce el giro hacia la Gran Vía, ya que se había demolido la llamada Casa del Cura (el primer piquetazo al edificio se lo había dado el Rey Alfonso XIII dando comienzo a los trabajos en 1910), aneja a la Iglesia de San José, y era muy difícil realizar un edificio que no desentonara con la Iglesia, pero que cumpliera las exigencias de renovación que se requerían.

La Iglesia de San José es un bello edificio barroco, en el que una leyenda dice que fue donde en 1802 contrajo matrimonio Simón Bolívar con su única esposa María Teresa del Toro, aunque la realidad es que su matrimonio se celebró en otra próxima, también dedicada a San José, que fue demolida. Por tanto junto a él había que realizar un edificio barroco pero moderno, fue el arquitecto Juan Moya quien realizó el edificio, que aún hoy se sigue considerando como un ejemplo de integración de lo antiguo y lo moderno.

Y viene a colación esta historia, porque fue Juan Moya en quien pensó la CTNE para realizar el proyecto de su edificio. No obstante las formas de gestión americanas recomendaron la contratación de un arquitecto que trabajara en exclusiva para la Compañía, ya que su expansión por España iba a requerir sus servicios de forma permanente, para este trabajo se contrató a un brillante joven arquitecto, discípulo de Juan Moya, que era Ignacio de Cárdenas, quien había terminado la carrera en 1924.

Ambos se conocían mucho como profesor-alumno, pero no habían trabajado juntos como arquitectos hasta ese momento. Desde el primer trazo las diferencias fueron claras entre ambos, Moya estaba embelesado con la idea de realizar un rascacielos en estilo barroco, algo que consideraba un desafío a su altura, y se empeñaba en realizar dibujos en esa línea, que Cárdenas intentaba suavizar, ya que su idea desde el principio fue la de hacer un edificio moderno como los que proliferaban en Estados Unidos.

La propiedad intentaba mediar buscando algo que uniera ambos estilos, pero íntimamente estaban más en la línea de Cárdenas, si bien en ese sentido no se comprende por qué pensaron inicialmente en Moya, puesto que ya había demostrado cuáles eran su preferencias arquitectónicas. Se dice que fue el Duque de Alba, introductor de la IT&T en España e importante accionista de CTNE, quien recomendó a Moya para el proyecto. Lo cierto es que finalmente éste renunció al encargo y quedó únicamente en manos de Cárdenas.

No obstante los directivos americanos deciden enviar una temporada a Ignacio a Nueva York a trabajar con el Arquitecto Jefe de la Compañía: Louis S. Weeks, para adquirir así el estilo y la técnica que les gustaba en sus edificios.

A su regreso y con todas estas influencias nace el proyecto del edificio que conocemos, redactado por Ignacio de Cárdenas, manteniendo una gran portalada barroca a la Gran Vía y un zócalo de varias plantas en granito de la sierra de Guadarrama, sin embargo a partir de aquí se yergue como un auténtico edificio moderno casi totalmente libre de ornamentación con un ritmo de huecos regular, que se remata en piedra caliza de Monóvar.

La limpieza y racionalidad del ritmo de huecos y fachadas que Cárdenas había proyectado fueron atemperadas ligeramente por la propiedad, con algunos detalles de ornamentación barroca también en las plantas altas, diseñados por el escultor Rafael Vela del Castillo, pero están hechos con tanta discreción y elegancia, que no desentonan ni disminuyen el aspecto moderno del edificio.

El proyecto se prepara con gran detalle, el arquitecto y su equipo, entre los que se encontraban varios de sus más brillantes compañeros de carrera como Ramón Aníbal Álvarez, Luis Martínez-Feduchi, José María de la Vega, José  María Arrillaga etc., no quiere dejar nada al azar y para ello emplea más de un año hasta definir con precisión todo lo que se va a edificar.

Se construye entre 1926 y 1929, con estructura metálica, un gran desafío para Altos Hornos de Vizcaya, y con los acabados en piedra, que antes he comentado, para lo que se organizan  inmensos talleres de cantería en las dos modalidades: Granito y Piedra Caliza, que se tallan expresamente para el edificio.

Los interiores se decoran con lujo y aportaciones de grandes escultores como Emilio Sordelli y pintores como Hipólito Hidalgo de Caviedes, excepto las zonas de trabajo de operaciones, ya que el edificio inicialmente albergaba tanto las oficinas de la Compañía y sus zonas representativas, como las inmensas zonas en las que las operadoras realizaban las conexiones entre los interlocutores, eso duró muchos años hasta que evolucionaron las centralitas automáticas más ligeras.

Con sus 86 metros de altura fue el edificio más alto de España hasta que en 1953 fue superado por el Edificio España, al final de la Gran Vía, en la Plaza del mismo nombre. También inicialmente fue el más alto de Europa, aunque por poco tiempo. El primer rascacielos de verdad de estilo americano que se construyó en nuestro país erguía su majestuosa presencia en el lugar más emblemático de Madrid.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el edificio jugó un papel decisivo, por su gran altura y su situación topográfica elevada en la ciudad, servía tanto como puesto de vigilancia al Ejército Republicano, para observar los movimientos de tropas del enemigo, como al Ejército Nacional para ser objetivo de sus obuses de artillería, ya que sabían que era un centro neurálgico que había que anular. La verdad es que afortunadamente resistió muy bien los bombardeos, que no pudieron más que producir algunos destrozos en su fachada, pero no en la estructura. Las operaciones se trasladaron a las plantas inferiores y siguió prestando servicio a los corresponsales de guerra durante toda la contienda, algunos tan famosos como John dos Passos, Ernest Hemingway o Antoine de Saint-Exupéry.

En ese sentido, seguramente fue de gran ayuda el papel que el propio arquitecto Ignacio de Cárdenas dirigiendo las reparaciones pertinentes prestó para su mantenimiento. Simpatizante de la República se exilió en París terminada la Guerra y debido a sus ideas políticas fue depurado por el Colegio de Arquitectos de Madrid en 1942 (al igual que otros muchos compañeros y por las mismas razones), privándole de su capacidad de ejercicio profesional durante varios años. No obstante en 1947 regresó a España y pudo trabajar con un sobrino suyo, también arquitecto, pero ya de una forma menor, que no hizo justicia al arquitecto que realizó el que aún hoy en día sigue siendo para mí el mejor edificio de la Gran Vía.

En 2003 el Colegio de Arquitectos de Madrid anuló todos los acuerdos por los que en 1942 se depuró a Ignacio de Cárdenas y a otros arquitectos por su adhesión a la causa republicana. Cárdenas que había fallecido en 1979 en El Espinar, un bello pueblo de la Sierra Madrileña, ya no lo pudo conocer.

Pero volvamos al edificio, en este momento sigue teniendo mucha vida, se ha creado el Espacio Telefónica en su interior, está muy bien mantenido, es un emblema de la Compañía y se producen en él grandes exposiciones de arte de su magnífica colección, sin olvidar el Museo de la Telefonía que nos recuerda la evolución de este medio de comunicación a lo largo de los años. También se conservan en uso sus oficinas y salones de recepciones para eventos. Si bien el nuevo Distrito realizado en Las Tablas, por el arquitecto Rafael de la Hoz Castanys y su equipo, es hoy en día el verdadero centro neurálgico de operaciones para la Telefónica del Siglo XXI.

El Edificio Telefónica es el mejor edificio moderno para la mejor Avenida moderna de su época: La Gran Vía, un hito de la arquitectura representativa empresarial de los años 20, que es una joya a preservar y transmitir a generaciones futuras, para que conozcan y disfruten de la evolución arquitectónica y urbanística de la ciudad de Madrid.

Miguel Ángel Álvarez

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