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El Edificio Telefónica: Un americano en Madrid

18 de diciembre de 2014

El pasado 18 de Noviembre la Alcaldesa de Madrid Dña. Ana Botella presentó en el Ayuntamiento el libro del hermanamiento entre la Avenida de Mayo de Buenos Aires y la Gran Vía de Madrid. Este libro es una iniciativa de las Asociaciones de Amigos de ambas Avenidas. Por invitación de la de Amigos de la Avenida de Mayo, a la que tantos lazos familiares y afectivos me unen, redacté dos Capítulos que se han incluido en el mismo. Tras la publicación del primero sobre la Gran Vía , el pasado día 8, publico hoy el segundo y último relativo a mi edificio favorito de esa Avenida: El Edificio Telefónica.

Portada Libro Gran Vía y Avda de Mayo
Los inicios de la telefonía en España se remontan a finales del Siglo XIX, no obstante su desarrollo es lento en un principio y convive durante muchos años con un sistema de comunicación interurbano de mayor arraigo y probada eficacia: La telegrafía, que se consideró hasta finales del Siglo XIX y principios del XX como el único sistema de comunicación complementario con el tradicional del correo escrito. De hecho la Compañía de Correos en España se denominó: Correos y Telégrafos, y en sus edificios se unían ambas actividades.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918)  demostró que las comunicaciones telefónicas eran mucho más rápidas, eficaces y sobre todo directas, y a partir de entonces el desarrollo de la telefonía fue parejo al declive de la telegrafía.

Estados Unidos, ya entonces a la cabeza del desarrollo tecnológico, fue el país en el que tras la contienda se perfeccionó la telefonía con mayor rapidez, en consecuencia cuando España decidió dar un impulso a este sistema, en 1924, contrató a la americana IT&T (International Telephone & Telegraph), en régimen de monopolio,  para que unificando a las diversas pequeñas compañías españolas que habían ido naciendo al calor del nuevo negocio, emprendiera la prestación de un servicio público de primera magnitud para todo el país, con la calidad requerida por particulares y empresas.

La Gran Vía era el nuevo proyecto urbano más emblemático de Madrid, era la modernidad, había dado comienzo en 1910 y en 1916 tenía terminado su primer tramo, desde la Calle de Alcalá hasta la Red de San Luis, e inmediatamente había dado comienzo la ejecución del segundo, desde la Red de San Luis hasta la Plaza de Callao, un tramo llano, de calzada más ancha, que en principio se pensó con bulevar (aunque el incremento, ya entonces, del tráfico rodado lo impidió), y por tanto la Avenida en la que todo lo mejor de Madrid quería instalarse.

La neutralidad española en la Primera Guerra Mundial, había dado al país una notable prosperidad económica y permitió continuar los trabajos de la Gran Vía sin que la contienda bélica les afectase.

IT&T había desembarcado en España con una pléyade de sus mejores ejecutivos y técnicos, viendo que el suministro del servicio telefónico en nuestro país era un gran negocio, que además les podría permitir intentar extenderse por otros países europeos, por tanto no escatimaron medios e impulsaron la empresa con grandes inversiones. No obstante también pensaban en atraer a inversores españoles que quisieran entrar en el capital de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), para crear un maridaje más adecuado con el país que les acogía y rentabilizar su inversión.

Así las cosas, era lógico que Telefónica (IT&T) pensara en la Gran Vía para edificar su sede más emblemática, su central española, y ya que el primer tramo de la misma estaba ejecutado, pusieron sus ojos en el segundo.

Los Grandes Almacenes comenzaban también su andadura y la firma: Grandes Almacenes Victoria tenía el mejor solar de la Gran Vía, en la misma Red de San Luis, en el comienzo del segundo tramo, cuando la Avenida comenzaba a ensancharse, con una plaza delante de su fachada, previsto para construir su gran edificio.

Debieron ser importantes las cantidades de dólares que convencieron a estos empresarios de buscar otro lugar para sus Grandes Almacenes, pero lo cierto es que Telefónica se hizo con ese magnífico solar para construir su emblemática sede.

Desde el punto de vista arquitectónico el primer tramo de la Gran Vía es el más novecentista, el más parisino, desde sus comienzos en 1910 nadie se había atrevido a proyectar un edificio realmente moderno, como los que ya se empezaban a ver en las revistas de arquitectura que se estaban proyectando en Chicago o Nueva York, y así seguían las cosas en 1924.

Hay varios edificios en ese tramo que llamaron la atención por su calidad y belleza, pero fue especialmente feliz la solución de la charnela con la Calle de Alcalá donde se produce el giro hacia la Gran Vía, ya que se había demolido la llamada Casa del Cura (el primer piquetazo al edificio se lo había dado el Rey Alfonso XIII dando comienzo a los trabajos en 1910), aneja a la Iglesia de San José, y era muy difícil realizar un edificio que no desentonara con la Iglesia, pero que cumpliera las exigencias de renovación que se requerían.

La Iglesia de San José es un bello edificio barroco, en el que una leyenda dice que fue donde en 1802 contrajo matrimonio Simón Bolívar con su única esposa María Teresa del Toro, aunque la realidad es que su matrimonio se celebró en otra próxima, también dedicada a San José, que fue demolida. Por tanto junto a él había que realizar un edificio barroco pero moderno, fue el arquitecto Juan Moya quien realizó el edificio, que aún hoy se sigue considerando como un ejemplo de integración de lo antiguo y lo moderno.

Y viene a colación esta historia, porque fue Juan Moya en quien pensó la CTNE para realizar el proyecto de su edificio. No obstante las formas de gestión americanas recomendaron la contratación de un arquitecto que trabajara en exclusiva para la Compañía, ya que su expansión por España iba a requerir sus servicios de forma permanente, para este trabajo se contrató a un brillante joven arquitecto, discípulo de Juan Moya, que era Ignacio de Cárdenas, quien había terminado la carrera en 1924.

Ambos se conocían mucho como profesor-alumno, pero no habían trabajado juntos como arquitectos hasta ese momento. Desde el primer trazo las diferencias fueron claras entre ambos, Moya estaba embelesado con la idea de realizar un rascacielos en estilo barroco, algo que consideraba un desafío a su altura, y se empeñaba en realizar dibujos en esa línea, que Cárdenas intentaba suavizar, ya que su idea desde el principio fue la de hacer un edificio moderno como los que proliferaban en Estados Unidos.

La propiedad intentaba mediar buscando algo que uniera ambos estilos, pero íntimamente estaban más en la línea de Cárdenas, si bien en ese sentido no se comprende por qué pensaron inicialmente en Moya, puesto que ya había demostrado cuáles eran su preferencias arquitectónicas. Se dice que fue el Duque de Alba, introductor de la IT&T en España e importante accionista de CTNE, quien recomendó a Moya para el proyecto. Lo cierto es que finalmente éste renunció al encargo y quedó únicamente en manos de Cárdenas.

No obstante los directivos americanos deciden enviar una temporada a Ignacio a Nueva York a trabajar con el Arquitecto Jefe de la Compañía: Louis S. Weeks, para adquirir así el estilo y la técnica que les gustaba en sus edificios.

A su regreso y con todas estas influencias nace el proyecto del edificio que conocemos, redactado por Ignacio de Cárdenas, manteniendo una gran portalada barroca a la Gran Vía y un zócalo de varias plantas en granito de la sierra de Guadarrama, sin embargo a partir de aquí se yergue como un auténtico edificio moderno casi totalmente libre de ornamentación con un ritmo de huecos regular, que se remata en piedra caliza de Monóvar.

La limpieza y racionalidad del ritmo de huecos y fachadas que Cárdenas había proyectado fueron atemperadas ligeramente por la propiedad, con algunos detalles de ornamentación barroca también en las plantas altas, diseñados por el escultor Rafael Vela del Castillo, pero están hechos con tanta discreción y elegancia, que no desentonan ni disminuyen el aspecto moderno del edificio.

El proyecto se prepara con gran detalle, el arquitecto y su equipo, entre los que se encontraban varios de sus más brillantes compañeros de carrera como Ramón Aníbal Álvarez, Luis Martínez-Feduchi, José María de la Vega, José  María Arrillaga etc., no quiere dejar nada al azar y para ello emplea más de un año hasta definir con precisión todo lo que se va a edificar.

Se construye entre 1926 y 1929, con estructura metálica, un gran desafío para Altos Hornos de Vizcaya, y con los acabados en piedra, que antes he comentado, para lo que se organizan  inmensos talleres de cantería en las dos modalidades: Granito y Piedra Caliza, que se tallan expresamente para el edificio.

Los interiores se decoran con lujo y aportaciones de grandes escultores como Emilio Sordelli y pintores como Hipólito Hidalgo de Caviedes, excepto las zonas de trabajo de operaciones, ya que el edificio inicialmente albergaba tanto las oficinas de la Compañía y sus zonas representativas, como las inmensas zonas en las que las operadoras realizaban las conexiones entre los interlocutores, eso duró muchos años hasta que evolucionaron las centralitas automáticas más ligeras.

Con sus 86 metros de altura fue el edificio más alto de España hasta que en 1953 fue superado por el Edificio España, al final de la Gran Vía, en la Plaza del mismo nombre. También inicialmente fue el más alto de Europa, aunque por poco tiempo. El primer rascacielos de verdad de estilo americano que se construyó en nuestro país erguía su majestuosa presencia en el lugar más emblemático de Madrid.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el edificio jugó un papel decisivo, por su gran altura y su situación topográfica elevada en la ciudad, servía tanto como puesto de vigilancia al Ejército Republicano, para observar los movimientos de tropas del enemigo, como al Ejército Nacional para ser objetivo de sus obuses de artillería, ya que sabían que era un centro neurálgico que había que anular. La verdad es que afortunadamente resistió muy bien los bombardeos, que no pudieron más que producir algunos destrozos en su fachada, pero no en la estructura. Las operaciones se trasladaron a las plantas inferiores y siguió prestando servicio a los corresponsales de guerra durante toda la contienda, algunos tan famosos como John dos Passos, Ernest Hemingway o Antoine de Saint-Exupéry.

En ese sentido, seguramente fue de gran ayuda el papel que el propio arquitecto Ignacio de Cárdenas dirigiendo las reparaciones pertinentes prestó para su mantenimiento. Simpatizante de la República se exilió en París terminada la Guerra y debido a sus ideas políticas fue depurado por el Colegio de Arquitectos de Madrid en 1942 (al igual que otros muchos compañeros y por las mismas razones), privándole de su capacidad de ejercicio profesional durante varios años. No obstante en 1947 regresó a España y pudo trabajar con un sobrino suyo, también arquitecto, pero ya de una forma menor, que no hizo justicia al arquitecto que realizó el que aún hoy en día sigue siendo para mí el mejor edificio de la Gran Vía.

En 2003 el Colegio de Arquitectos de Madrid anuló todos los acuerdos por los que en 1942 se depuró a Ignacio de Cárdenas y a otros arquitectos por su adhesión a la causa republicana. Cárdenas que había fallecido en 1979 en El Espinar, un bello pueblo de la Sierra Madrileña, ya no lo pudo conocer.

Pero volvamos al edificio, en este momento sigue teniendo mucha vida, se ha creado el Espacio Telefónica en su interior, está muy bien mantenido, es un emblema de la Compañía y se producen en él grandes exposiciones de arte de su magnífica colección, sin olvidar el Museo de la Telefonía que nos recuerda la evolución de este medio de comunicación a lo largo de los años. También se conservan en uso sus oficinas y salones de recepciones para eventos. Si bien el nuevo Distrito realizado en Las Tablas, por el arquitecto Rafael de la Hoz Castanys y su equipo, es hoy en día el verdadero centro neurálgico de operaciones para la Telefónica del Siglo XXI.

El Edificio Telefónica es el mejor edificio moderno para la mejor Avenida moderna de su época: La Gran Vía, un hito de la arquitectura representativa empresarial de los años 20, que es una joya a preservar y transmitir a generaciones futuras, para que conozcan y disfruten de la evolución arquitectónica y urbanística de la ciudad de Madrid.

Miguel Ángel Álvarez

La Gran Vía: El Madrid Moderno

8 de diciembre de 2014

El pasado 18 de Noviembre la Alcaldesa de Madrid Dña. Ana Botella presentó en el Ayuntamiento el libro del hermanamiento entre la Avenida de Mayo de Buenos Aires y la Gran Vía de Madrid. Este libro es una iniciativa de las Asociaciones de Amigos de ambas Avenidas. Por invitación de la de Amigos de la Avenida de Mayo, a la que tantos lazos familiares y afectivos me unen, redacté dos Capítulos que se han incluido en el mismo. Publico hoy el relativo a la Gran Vía.

Portada Libro Gran Vía y Avda de Mayo

El Siglo XIX fue una centuria perdida para España en términos de progreso y modernidad, las malhadadas circunstancias vividas por nuestro país durante ese tiempo nos abocaron a entrar en el Siglo XX con un importante retraso en muchos aspectos.

Madrid como capital del Reino era en 1900 un fiel reflejo de esta situación, si bien durante el reinado de Isabel II, el de Alfonso XII y la regencia de María Cristina de Habsburgo ya se habían comenzado a realizar labores de embellecimiento urbano con nuevos edificios, que mejoraban la imagen de la ciudad, se había ensanchado la misma y se habían erigido nuevos barrios, aún no se habían acometido obras de grandes avenidas que reflejasen esa voluntad decidida de progreso y modernidad que Madrid y España necesitaban.

Aunque la urbe contaba en la época ya con quinientos mil habitantes, un apiñado caserío seguía ocupando su centro, con una imagen castiza en la que por estrechas callejuelas se entremezclaban corralas con iglesias, pensiones, conventos y palacetes de la aristocracia, en un totum revolutum muy del gusto español, que permanecía desde tiempos de los Austrias.

La definitiva pérdida de los restos del Imperio Español en Cuba y Filipinas en 1898, sumió a los ciudadanos en una profunda depresión colectiva, de la que se esperaba salir con el advenimiento del nuevo Rey Alfonso XIII, él era la persona destinada a liderar la modernización de España y su homologación con el resto del mundo desarrollado, o al menos eso era lo que de él esperaba el pueblo español.

Con anterioridad, tras la aprobación del Plan de Ensanche de Madrid del arquitecto Carlos María Castro, que permitiría a la ciudad crecer con nuevos barrios, es en 1886 cuando el arquitecto Carlos Velasco al realizar la unión de la Calle de Preciados con la Plaza de Callao, redacta los primeros proyectos para una Gran Vía que uniera la Calle de Alcalá con la Plaza de España.

Inicialmente y dada la envergadura de la obra así como las ingentes expropiaciones y modificaciones que representaba para Madrid, la oposición del pueblo fue total y como suele ocurrir en España al final cristalizó en una zarzuela que con el nombre de: “La Gran Vía”, fue compuesta por Federico Chueca, sobre libreto de Felipe Pérez y González, estrenándose ese mismo año, con gran éxito. Así las cosas, el proyecto fue languideciendo entre chanzas populares y mucho más con el fallecimiento del arquitecto en 1888, por lo que momentáneamente se paralizó.

No obstante para las mentes más lúcidas de la ciudad y en particular para su Alcalde el Conde de Peñalver el asunto no estaba archivado, ni mucho menos. Pensando en esa modernidad necesaria para Madrid, el proyecto definitivo de la Gran Vía redactado por los arquitectos municipales José López Salaberry y Francisco Andrés Octavio Palacios se presenta en 1899.

Con tal motivo, la viuda de Velasco interpone una demanda judicial por plagio del proyecto de su esposo, que es desestimada, aprobándose definitivamente el plan para realizar la Gran Vía en 1901.

Comienza entonces el largo y lento proceso de expropiaciones, y el no menos penoso de contratar las obras, ya que su importancia, impopularidad y complejidad asustan a muchos de los contratistas españoles de la época, hasta tal punto que quedan desiertos varios de los concursos que el Ayuntamiento de Madrid convoca para realizarla, es definitivamente el contratista francés Martín Albert Silver el que gana la última convocatoria y se firma el contrato de ejecución de obras en 1909, por veintinueve millones de pesetas, cantidad entonces astronómica.

El proyecto se divide en tres partes, la que va desde el cruce con la Calle de Alcalá hasta la Calle de la Montera-Red de San Luis (denominada tramo B), que es el primer tramo que se acomete, la que va desde la Calle de la Montera-Red de San Luis hasta la Plaza de Callao (denominada bulevar), siguiente tramo, y la que va desde la Plaza de Callao hasta el encuentro con la Plaza de España (denominada tramo A), que es la última que se ejecuta.

Los tramos primero y último, que son en pendiente, se diseñan con 25 metros de ancho, el tramo central, que es llano, tendrá 35 metros de ancho, ya que inicialmente se piensa hacer con un bulevar central ajardinado, hecho que ante el incremento imparable del tráfico rodado por la Gran Vía, desde su inauguración, se abandona, dejando que ocupe también toda la calzada.

Es el 4 de Abril de 1910 cuando en la Calle de Alcalá el Rey Alfonso XIII da el primer piquetazo a la fachada de la Casa del Cura, aneja a la Iglesia de San José, acompañado por la Familia Real, el Alcalde de Madrid José Francos Rodríguez y el Presidente del Gobierno José Canalejas, así como numerosos notables de la ciudad, diplomáticos, otras autoridades y muchos ciudadanos, lo que da idea de la importancia del proyecto y de lo que representaba para Madrid.

Serían ingentes las demoliciones que seguirían a la que aquel piquetazo había iniciado, hasta abrir una Gran Vía en el centro de la ciudad, que comunicaría los nuevos barrios de Salamanca y Argüelles, y que sería el escaparate de todo lo mejor que los madrileños podían ofrecer a residentes y visitantes.

Otras obras que se realizaban en Madrid en la época iban en la misma línea. Se inauguraría también ese año de 1910 el Hotel Ritz y posteriormente el Hotel Palace en 1912, ambos en la Plaza de Neptuno, Hoteles de una categoría y servicios como no había ninguno en la época, se estaban acometiendo las obras del Metro de Madrid, nuevas estaciones de ferrocarril etc., y en definitiva por fin la capital estaba entrando en la modernidad.

El tramo B se desarrolló entre 1910 y 1916, un tiempo récord dada la complejidad de la obra. Simultáneamente a la urbanización de la Vía, con nuevas instalaciones urbanas, se estaban edificando edificios a ambos lados de la misma, de forma que cuando estuvo terminado lo fue tanto desde el aspecto urbanístico como edificatorio.

Las edificaciones de este tramo responden aún a un estilo novecentista digamos parisino, en él se implantaron varias empresas, hoteles y centros de reunión de los más representativos en la España de la época, con edificios como el de la Unión y el Fénix Español, el Hotel Roma o las oficinas de Previsores del Porvenir, el Casino Militar o la Gran Peña.

Las obras del segundo tramo dieron comienzo en 1917 y duraron prácticamente hasta el comienzo de la Guerra Civil en 1936, si bien en sus comienzos la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) le permitió desarrollarse con holgura, dada la opulencia económica que esa neutralidad representó para España, sin embargo los avatares políticos y sociales de los años 20 repercutirían en las obras, con los cambios de Monarquía a República en 1930 y el pronunciamiento militar de 1936 en contra de esta última, que hizo que la guerra apareciera también en la Gran Vía.

No obstante éste es el tramo que encarna en sus edificaciones de modo más claro la idea que la Gran Vía representa, se materializan en él rascacielos dignos del estilo racionalista de Nueva York o Chicago, como el Edificio Telefónica o el Palacio de la Prensa, se abren grandes almacenes como el de la Sociedad Española de Precios Únicos (SEPU), cadenas de radio como la Sociedad Española de Radiodifusión (SER), bares americanos, comercios, cafés elegantes y muchos grandes cines, en definitiva se plasma en la realidad ese gran escaparate que Madrid quiere ofrecer al mundo como ciudad moderna que era.

El tercer tramo da comienzo en 1925, cuando aún estaba en desarrollo el segundo, y aunque la Guerra Civil por supuesto afecta a las obras, sus hoteles y restaurantes acogen a los cronistas que como Hemingway vienen a España a vivir y relatar los tristes acontecimientos, él sería quien definiría a la Gran Vía como una mezcla de Broadway y la Quinta Avenida de Nueva York.

Desde el final de la Guerra Civil en 1939 y a pesar de las dificultades económicas por las que España tuvo que pasar en una durísima posguerra, siempre estuvo claro que había que terminar la Gran Vía y así siguió construyéndose con edificios en un estilo definitivamente moderno, como el racionalista Edificio Capitol en la misma esquina de la Plaza de Callao o el Edificio Coliseum ya llegando a la Plaza de España, y se remató en los años 50 con dos grandes rascacielos como son el Edificio España y la Torre de Madrid, en la misma Plaza.

Con el desarrollismo de los años 60 comenzó un cierto declive de esta magna obra, ya que a pesar de que se habían instalado en sus proximidades los dos Grandes Almacenes más importantes de Madrid: El Corte Inglés y Galerías Preciados, y aunque sus cines y cafeterías todavía conservaban gran atractivo, fueron otras calles de la ciudad las que se pusieron de moda para el comercio de lujo, como la Calle de Serrano o la de Velázquez, ambas en el Barrio de Salamanca.

Y poco a poco comenzó una decadencia que llegaría hasta los años 80, en que por contraste es cuando por fin se llamó de verdad y oficialmente “Gran Vía”, siendo Alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, pues todos los diferentes Gobiernos y Regímenes que se sucedieron durante su larga historia habían aprovechado su imagen para honrar a los héroes de uno u otro bando con diferentes denominaciones, aunque el pueblo siempre la había llamado así.

A partir de esa fecha comienza otra lenta revitalización de la Gran Vía, que sigue siendo una arteria fundamental para Madrid, se restauran muchos edificios, y los antiguos cines se reconvierten en Teatros Musicales o Centros Comerciales, de forma que podemos decir que ha llegado a nuestros días viviendo una nueva juventud, manteniendo su señorío y su atractivo, pero adaptada a los nuevos usos, o a los de siempre actualizados.

La Gran Vía es el gran proyecto de transformación urbana del centro de Madrid en el Siglo XX, representa como ninguna otra obra la voluntad de la sociedad madrileña, y de sus dirigentes, de convertir una zona insalubre, abigarrada y carente de interés, en un espacio de la mayor dignidad que mejora toda la ciudad, algo que coloca a Madrid en consonancia con otras grandes capitales del mundo, que la moderniza y que aún hoy en día continúa siendo un legado imperecedero, tras más de 100 años, que acoge a todos los madrileños y a nuestros visitantes de todo el mundo.

Miguel Ángel Álvarez

La Metáfora de la Avenida de Mayo V

23 de agosto de 2013

La Dictadura Militar que se implantó en la Argentina en 1.976 y duraría hasta 1.983, tenía muy ocupados a los militares en la represión de los grupos de izquierda, por tanto en lo económico no se metieron y lo dejaron en manos de un Ministro de Economía liberal: José Alfredo Martínez de Hoz, quien ya había sido Ministro de Economía brevemente durante el Gobierno del Presidente de Guido y que en lo político les era próximo. Conduciría la economía de la Nación hasta 1.981, ya en la decadencia de la Dictadura.

Aquí comienza un fuerte endeudamiento de Argentina con el Fondo Monetario Internacional y diversos Bancos extranjeros, que acabaría muy mal varios años después, pero que de momento fue una inyección monetaria que incrementó la actividad económica de forma importante. Es la época conocida como de “la plata dulce”, por la fácil y alegre circulación del dinero en la República.

La Avenida de Mayo se suma una vez más a la “fiesta” de la Nación y se comete en ella uno de los mayores atentados urbanísticos que la contemplan, la ejecución por el Banco de Galicia de los “Edificios Galicia”, dos edificios gemelos de oficinas y apartamentos que se construyen en la Avenida de Mayo esquina a la Calle Santiago del Estero. De anodina arquitectura, estos edificios, por su ostensible forma de desentonar con el resto, permanecen para siempre como una falta de respeto a la anciana Avenida, interrumpen con su mayor altura la vista del magnífico Edificio Barolo, e interfieren en el haz de luz, que desde el faro que lo corona, estaba destinado a llegar hasta el puerto de Buenos Aires, cuando fue concebido.

Edificios Galicia

Edificios Galicia

Por otra parte el Teatro Avenida, inaugurado en 1.908, también en plena Avenida de Mayo, como si fuera otra metáfora en sí mismo de los duros momentos de represión que soterradamente se estaban viendo en la Argentina, se incendió en 1.979, y ya nunca más volvería a tener el esplendor y la grandeza con que fue concebido.

Reducido en sus dimensiones y la elegancia de su decoración, sería reinaugurado en 1.994 por el tenor español Plácido Domingo, en una gala que quiso tener la grandiosidad que la Avenida tuvo en otros tiempos, pero que sirvió para ver que las cosas habían cambiado mucho en ella, y en el país en general.

Teatro Avenida

Teatro Avenida

La economía se recalentaba, los créditos crecían (la deuda externa ya alcanzaba los 40.000 millones de dólares), la inflación de disparaba y los militares seguían a lo suyo…En 1.981 la cosa ya empieza a ponerse muy fea tanto política como económicamente, y buscando oxígeno para que todo siguiera como estaba, renuncia el triunvirato militar que gobernaba en ese momento: Viola, Lambruschini y Graffigna, así como Martínez de Hoz, Ministro de Economía.

Pero ya la Dictadura iba cuesta abajo, a los gobernantes que les sustituyen: Galtieri, Anaya y Lami Dozo, no se les ocurre mejor idea que amalgamar a la población argentina en torno a una vieja herida clavada en el corazón de todo ciudadano del país: La permanencia de Gran Bretaña en las Islas Malvinas, y sin más ni más deciden declarar la guerra al Reino Unido, e invadir las Islas en 1.982.

Gran Bretaña seguía en su papel de fiel aliado de los Estados Unidos que llevaba siendo desde la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte a la Premier británica de la época: Margaret Thatcher, que se enfrentaba a unas próximas elecciones generales, de dudoso resultado para su Partido Conservador, le venía de maravilla un golpe de efecto de fervorina patriótica, que tanto gusta a los ingleses, y además lo tenía fácil, con el apoyo de sus aliados americanos y contra una República Argentina que no despertaba simpatías en Europa, el resultado estaba cantado.

Por supuesto a pesar de sufrir algunas bajas importantes, los británicos recuperaron las Malvinas para la Corona, como todos sabemos, y Margaret Thatcher ganó las elecciones.

Los militares argentinos, por una vez en la historia de la Nación, dedicados a lo que se tienen que dedicar, lucharon con gran valentía, pero su inferioridad de medios humanos y materiales era tan abrumadora, que tuvieron que regresar a la Patria, con una humillante derrota, y lo que es peor con una importante cifra de bajas, en su mayoría muchachos jóvenes, que dieron su vida tristemente por una causa que estaba perdida de ante mano.

Aviación Argentina

Aviación Argentina


La Plaza de Mayo, al comienzo de la Avenida, frente a la Casa Rosada, albergó una importante manifestación de protesta, organizada por los Sindicatos, contra la Dictadura Militar, que fue brutalmente reprimida.

Finalmente todo esto significó su desaparición, y aunque se nombró otro triunvirato gobernante: Nicolaides, Franco y Hughes, fue solo para organizar unas elecciones democráticas, que por fin se celebraron en 1.983.

El vencedor de las mismas fue nuevamente la Unión Cívica Radical, encabezada por Raúl Alfonsín, que se convertiría en el nuevo Presidente de la República.

El Presidente Alfonsín tuvo que enfrentarse a graves problemas. Por una parte en lo político: La resaca de los años de la Dictadura Militar (1.976-1.983), y de los vergonzosos actos llevados a cabo durante la misma, de los que los militares no estaban dispuestos a rendir cuentas, como demandaba la ciudadanía. Por otra parte en lo económico: Una gigantesca deuda externa y una galopante inflación que no se podía controlar y que hacía que la economía nacional fuera cada vez peor.

Yo diría que Raúl Alfonsín hizo lo que pudo en lo político, abriendo la puerta a juzgar a las cúpulas militares por sus actos pasados. Los militares se resistieron ferozmente, pero se dieron pasos sólidos en este sentido. Sin embargo en lo económico, Argentina siguió hacia abajo, con una inflación cada vez mayor y unas dificultades enormes para pagar su deuda externa. Pasó el testigo a su sucesor en 1.989 con una situación económica aún peor de la que recibió.

No obstante sí que se puede decir en su favor, que fortaleció la democracia y sentó las bases políticas de la misma, de acuerdo con el pueblo argentino, demostrando en estos últimos 30 años que a pesar de las grandes dificultades por las que la Nación ha pasado, no quiere repetir situaciones dictatoriales como las que florecieron en el Siglo XX.

Durante el mandato de Raúl Alfonsín se produce el mayor atentado urbanístico de la Avenida de Mayo, mayor aún que el antes comentado de los “Edificios Galicia”. Desde el absoluto desprecio por la historia y la tradición, un país endeudado que se somete al capital extranjero, permite que en plena Avenida esquina a la Calle Chacabuco, se construya un desproporcionado y enorme edificio de oficinas, que ha ido albergando diversos Bancos a lo largo de los años. Conocido en su inicio como “La Torre de Buenos Aires”, o Banco HSBC, con sus 30 plantas y la enorme antena telefónica que lo remata, representa un bofetón a la silueta de la Avenida y un monumento al despropósito urbano más brutal.

Edificio HSBC

Edificio HSBC

A mis lectores además de agradecerles, como siempre, que me lean, debo pedirles disculpas nuevamente porque creía que terminaría con este post la revisión a la historia de la República Argentina y su Metáfora: La Avenida de Mayo, pero repasar 120 años de historia se está alargando más de lo que esperaba. Prometo firmemente que terminaré la serie en el siguiente.

Miguel Ángel Álvarez

La Metáfora de la Avenida de Mayo IV

29 de julio de 2013

El ciclo democracia-golpe de estado militar-democracia…Volvía a cumplirse y en 1.958 gana las elecciones un tecnócrata de la veterana Unión Cívica Radical: Arturo Frondizi, y además: Radical Intransigente, Argentina siempre ha sido muy rica en su léxico y expresiones.

Presidente Arturo Frondizi 1.958

Presidente Arturo Frondizi 1.958

El Presidente Frondizi se impone como tarea prioritaria la profundización en el proceso de industrialización de la Argentina, como se esperaba de él. Para ello pide préstamos en el exterior, basado en las reservas petrolíferas de YPF, e invita a grandes corporaciones industriales a que se establezcan en la Nación, ofreciendo ventajas fiscales, laborales etc. Así comienza por ejemplo una intensa fabricación de automóviles por parte de empresas norteamericanas y europeas, además de otras muchas industrias.

La Avenida de Mayo continúa incrementando la presencia española en la zona, muchos industriales y comerciantes se establecen en los bajos de los antiguos edificios que habían sido hoteles de lujo y nacen restaurantes y todo tipo de comercios regentados por españoles. Se incrementa su terciarización con más oficinas donde antes había viviendas.

La AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos), digamos la Agencia Tributaria de la Argentina se establece en el edificio de la Avenida de Mayo esquina a la Calle Talcahuano, y donde estaba el Diario Crítica, un magnífico edificio Art-Decó, pasa a estar la Central de la Policía Federal.

Los nuevos edificios que se construyen obedecen a un estilo funcional y contrastan con las decoradas fachadas del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Representan un intento, para mí no muy logrado, de adaptarse a la nueva Argentina de la industrialización.

No obstante otra nueva vuelta de tuerca al famoso e inveterado ciclo político de la Argentina moderna iba a tener lugar. En 1961 el Presidente Frondizi, presionado por los Sindicatos Obreros, legaliza nuevamente al Partido Justicialista, permitiéndole presentarse a las elecciones de 1.962, si bien no autoriza el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina.

Esto desata las iras de los militares que habían depuesto a Perón seis años antes, así como de los grupos antiperonistas, que consideraban superado el trauma del Justicialismo y se oponen frontalmente.

Otro golpe militar destinado a inhabilitar nuevamente al Peronismo, depone el Presidente Frondizi y anula el Decreto de Legalización del Justicialismo, poniendo al frente de la Nación curiosamente a un civil: José María de Guido, que era Presidente del Congreso de Diputados.

El Presidente de Guido básicamente continuó la política expansiva en lo industrial comenzada por Frondizi manteniendo la proscripción del Peronismo y convocó elecciones, sin el partido Justicialista, en 1.963.

En ellas nuevamente resultó vencedora la Unión Cívica Radical proclamándose Presidente de la Nación a Arturo Humberto Illía.

El Doctor Illía (médico de profesión) era básicamente un hombre bueno, inteligente, culto y de educadas maneras. Su carácter pacífico, elegante y eficiente, fue como el bálsamo que necesitaba el país en aquel momento. El Gobierno que presidió invirtió mucho en educación, y canceló las deudas que se habían contraído en la época del Presidente Frondizi, profundizando aún más en la industrialización nacional. Honesto, serio y austero, es para mí el gobernante más recto que ha tenido la Argentina moderna. Una figura que permanecerá siempre en la parte buena de la historia de ese país.

El Presidente Ilia recibe en Buenos Aires al General De Gaulle en 1.964

El Presidente Ilia recibe en Buenos Aires al General De Gaulle en 1.964

Pero su carácter, considerado lento, que le granjeó el apodo de “La Tortuga”, también fue objeto de las presiones de los Sindicatos próximos al Peronismo, que continuamente apostaban por unas elecciones en las que el Justicialismo participase, y en definitiva por el regreso de Perón. El Presidente Illía había vencido con un escaso margen de votos y entre ellos un elevadísismo porcentaje en blanco (los de los Peronistas) por lo que era un objetivo fácil para esas presiones.

En consecuenia se vuelve a reproducir el ciclo anterior, en 1.965 el Presidente convoca elecciones legislativas en las que permite que se presenten los candidatos Justicialistas (sin Perón) y en 1.966 es depuesto por los militares, que una vez más deciden “poner orden” en el país y proscribir al Peronismo.

Los años siguientes desde 1.966 hasta 1.973 pertenecen nuevamente a Gobiernos de dictaduras militares que pomposamente se denominan “Revolución Argentina” y que se basan en una proscripción del Peronismo en lo político y una expansión liberal en lo económico. Se suceden varios Presidentes militares: Juan Carlos Onganía, Marcelo Levinston y Alejandro Agustín Lanusse.

La economía sin embargo se estabiliza y es una nueva época de esplendor para la Avenida de Mayo, que arregla edificios antiguos y restaura algunas fachadas elegantes de los edificios del Siglo XIX. En general y una vez más como reflejo de lo que ocurre en la Argentina, su vida social se fortalece y su actividad comercial se incrementa.

Pero otra vez gira la rueda de la inveterada suerte argentina desde 1.945: Peronismo-Antiperonismo y los Sindicatos Obreros que no habían dejado de presionar durante estos años con todo tipo de protestas y manifestaciones, promueven una importante acción en contra del Gobierno en la industriosa Provincia de Córdoba, al oeste del país. En la fuerte represión gubernamental de esta protesta, que tuvo lugar en 1.969, y que se conoce como “El Cordobazo”, se inicia un proceso de radicalización del Peronismo, que tendrá nefastas consecuencias para la Argentina en los siguientes años.

Como toda acción conlleva una reacción, en 1.970 nace el grupo “Montoneros” que es una guerrilla armada, políticamante en sus inicios Peronista, y que se presenta a la sociedad con una acción violenta: El secuestro y posterior asesinato del General Aramburu, que habia depuesto al General Perón en 1.955.

Bajo todo este panorama tan revuelto, y aunque la economía argentina iba sorprendentemente bien en medio de las disputas, en 1.973 la Dictadura no aguanta más y se convocan elecciones Presidenciales con la presencia del Peronismo, pero una vez más sin Perón, que continuaba viendo la evolución de los acontecimientos desde su mansión: “Quinta 17 de Octubre” (recordemos su histórica liberación en 1.945 y el nacimiento del Peronismo), situada en el elegante barrio residencial de Puerta de Hierro en Madrid.

El Peronismo vence en esas elecciones, con un candidato que es de la máxima confianza del General Perón: Héctor José Cámpora, quién realiza un maniobra electoral, consistente en convocar nuevas elecciones a los pocos meses de su nombramiento como Presidente de la República, para que esta vez, y desde hacía 18 años, pudiera nuevamente presentarse a las mismas, encabezando la candidatura Justicialista, el propio proscrito líder y fundador del movimiento: Juan Domingo Perón, que regresa a Buenos Aires con tal motivo el 20 de Junio de 1.973.

Regreso de Perón a la Argentina en 1.973

Regreso de Perón a la Argentina en 1.973

A Perón le esperaban multitudes en el Aeropuerto de Eceiza en Buenos Aires. Como un triste homenaje a su regreso, se produce un tiroteo en el mismo Aeropuerto entre facciones de su partido, que ya entonces querían dirigir los destinos del Peronismo, con víctimas mortales, conocido como: “La Masacre de Eceiza”. Los asistentes (incluyendo familias con hijos) no comprendían lo que estaba ocurriendo, y el avión que le trasladaba tuvo que desviarse al Aeropuerto de Morón, por razones de seguridad. Pero el viejo Fundador del Justicialismo había regresado a la Argentina.

Perón vence de nuevo arrolladoramente en las elecciones de Septiembre de 1.973 y comienza su último mandato como Presidente de la República, que dura muy poco, ya que al anciano General, presionado por los violentos acontecimientos que sus seguidores llevan a cabo, no le responden sus fuerzas físicas y fallece en Julio de 1.974, víctima de problemas cardíacos y otras complicaciones de salud, sin prácticamente haber comenzado a desarrollar un programa de Gobierno. Tenía 78 años.

Cortejo Fúnebre de Perón por la Avenida de Mayo en 1.974

Cortejo Fúnebre de Perón por la Avenida de Mayo en 1.974

Juan Domingo Perón había conocido en Panamá en 1.955, tras salir de la Argentina, a una bailarina, también argentina, de la que se enamoró y que le acompañaría hasta su muerte, Isabel Martínez, conocida tras su unión como Isabelita Perón. Fue su tercera esposa y lo que no había querido hacer con la mítica Evita en 1.951, sí que lo hizo con Isabelita en 1.973, presentándose ambos en equipo como candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia respectivamente.

Es así como al fallecer el Presidente Perón, su esposa la Vicepresidenta Isabel Martínez de Perón, se convierte en Presidenta de la Argentina en Julio de 1.974.

Montoneros era un grupo cada vez más activo y violento, claramente de izquierdas, quería superar los viejos planteamientos del Peronismo, y que éste y la Argentina evolucionaran en la línea de sus postulados ideológicos. Frente a ellos, dentro del Peronismo, había otra facción que era exactamente lo contrario en las ideas y contaba con el favor y el apoyo de la Presidenta, así como de los grupos más radicales de la ultraderecha del país, se autodenominaron: Alianza Anticomunista Argentina o “La triple A”.

Ambos grupos tuvieron muchos enfrentamientos entre ellos, se sucedieron los secuestros y asesinatos. Paralelamente el Ejército también se postuló en contra de Montoneros y demás grupos de ideología marxista. La Presidenta se demostró incapaz de controlar la situación.

La economía argentina durante estos años llevó un camino nefasto, la inseguridad política y social hizo que se contrajeran más deudas en los mercados financieros exteriores y se disparó la inflación, nadie sabía muy bien a qué atenerse y la Avenida de Mayo vivió otra época de contracción y bajada de su actividad.

La solución una vez más fue la Dictadura Militar y en 1.976 las tres Fuerzas Armadas unidas dan un golpe de Estado que depone a la Presidenta, dejando el poder en manos del General del Ejército Jorge Rafael Videla, del Almirante de Marina Emilio Eduardo Massera y del Brigadier de Aviación Orlando Ramón Agosti.

Las funciones de Presidente de la República serían ejercidas por el General Videla. Éste triunvirato, apoyado por todo el Ejército, decidió acabar con los grupos de ideología izquierdista que actuaban en el país, para ello comenzaría una durísima represión en contra de los mismos, que finalmente a la larga escribiría una página vergonzosa en la historia de la Argentina, que todos conocemos y cuyas repercusiones siguen llegando hasta nuestros días.

Continuaré en un próximo post, pero tranquilos que espero sea para finalizar el relato. Muchas gracias a los que se siguen interesando por este breve repaso a la historia del país en el que nací y la Metáfora que de la misma es la Avenida de Mayo.

Miguel Ángel Álvarez