Posts Tagged ‘España’

Presentación de Ponencia en CITE 2018

6 de marzo de 2018

El próximo jueves dia 8 de Marzo a las 11,30 horas (Room C), en el 3er. Congreso Internacional de Innovación Tecnológica en la Edificación (CITE 2018), que se celebra los días 7, 8 y 9 de Marzo en la Escuela Técnica Superior de la Edificación de Madrid (ETSEM) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), presentaremos nuestra Ponencia: CÓMO CREAR Y GESTIONAR UN EQUIPO PARA APLICAR MÉTODOS COLABORATIVOS EN CONSTRUCCIÓN (IPD) EN ESPAÑA.

Autores: Doctorando Miguel-Angel Álvarez Pérez (UPM), Dr. Manuel J. Soler Severino (UPM) y Dr. Eugenio Pellicer Armiñana (UPV).

Muchas gracias al Congreso por la invitación.

Miguel Ángel Álvarez

Ponencia CITE 2018

Congreso ASSETFUTURA organizado por AECMA el próximo jueves 16

14 de noviembre de 2017

16 DE NOVIEMBRE

Lugar: Salón de Actos del Colegio Oficial de Arquitectos y Aparejadores Técnicos de Madrid (c/ Maestro Victoria 3, Madrid)

16:15

Presentación del Congreso a cargo de D. Alfonso Gutiérrez (Presidente de AECMA)

* 16:40 – Introducción y sinergias en los sellos de Sostenibilidad, Energía, Salud y Bienestar.
Dña. Patrizia Laplana Bigott (Asla Green Solutions, Directora General)

* 17:00 – Seguro y Saludable: el usuario como protagonista.
D. Manuel Sanz Moriñigo (SMDos, Director General)

* 17:20 – Edificios sanos para gente sana. LEED y WELL.
Dña. Gala Fombella Shuckburgh (GBC España, Titulada LEED)

* 17:40 – Preguntas y debate sala

18:00 Pausa café

* 18:20 – El valor de BREEAM para el usuario final.
D. Óscar Martínez Lamigueiro (BREEAM España, Director General)

* 18:40 – Herramientas de evaluación basadas en el Análisis del Ciclo de Vida.
Dña. Paula Rivas Hesse (GBC España, Directora Técnica)

* 19:00 – Garantizar la rentabilidad de nuestra inversión con el estándar Passivhaus.
D. Luis Antonio Martínez (Passivhaus, Consejero consorcio Passivhaus)

* 19:20 – Preguntas y debate sala

19:40 – 21:00 – Debate-Coloquio. “Perspectivas de futuro respecto a la implantación de sellos y certificaciones en el sector de la edificación”.
Modera: D. José Carlos Saz Gimeno (Neinor, Director General de Operaciones)

D. Antonio Villanueva Peñalver (Idom, Arquitecto Director)

D. César Ruíz-Larrea Cangas (RLA Asociados, Arquitecto Director)

D. Gonzalo Cervera Escario (Aelca, Director Técnico)

D. Pablo Vergés Asúa (Iberdrola Inmobiliaria, Director de Patrimonio)

Dña. Carolina Roca Castillo (Grupo Roca, Socia-Directora General)

D. Julián Franco López (Franco Arquitectos, Arquitecto Director)

21:00 Cóctel y Cierre del Congreso

El Edificio Telefónica: Un americano en Madrid

18 de diciembre de 2014

El pasado 18 de Noviembre la Alcaldesa de Madrid Dña. Ana Botella presentó en el Ayuntamiento el libro del hermanamiento entre la Avenida de Mayo de Buenos Aires y la Gran Vía de Madrid. Este libro es una iniciativa de las Asociaciones de Amigos de ambas Avenidas. Por invitación de la de Amigos de la Avenida de Mayo, a la que tantos lazos familiares y afectivos me unen, redacté dos Capítulos que se han incluido en el mismo. Tras la publicación del primero sobre la Gran Vía , el pasado día 8, publico hoy el segundo y último relativo a mi edificio favorito de esa Avenida: El Edificio Telefónica.

Portada Libro Gran Vía y Avda de Mayo
Los inicios de la telefonía en España se remontan a finales del Siglo XIX, no obstante su desarrollo es lento en un principio y convive durante muchos años con un sistema de comunicación interurbano de mayor arraigo y probada eficacia: La telegrafía, que se consideró hasta finales del Siglo XIX y principios del XX como el único sistema de comunicación complementario con el tradicional del correo escrito. De hecho la Compañía de Correos en España se denominó: Correos y Telégrafos, y en sus edificios se unían ambas actividades.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918)  demostró que las comunicaciones telefónicas eran mucho más rápidas, eficaces y sobre todo directas, y a partir de entonces el desarrollo de la telefonía fue parejo al declive de la telegrafía.

Estados Unidos, ya entonces a la cabeza del desarrollo tecnológico, fue el país en el que tras la contienda se perfeccionó la telefonía con mayor rapidez, en consecuencia cuando España decidió dar un impulso a este sistema, en 1924, contrató a la americana IT&T (International Telephone & Telegraph), en régimen de monopolio,  para que unificando a las diversas pequeñas compañías españolas que habían ido naciendo al calor del nuevo negocio, emprendiera la prestación de un servicio público de primera magnitud para todo el país, con la calidad requerida por particulares y empresas.

La Gran Vía era el nuevo proyecto urbano más emblemático de Madrid, era la modernidad, había dado comienzo en 1910 y en 1916 tenía terminado su primer tramo, desde la Calle de Alcalá hasta la Red de San Luis, e inmediatamente había dado comienzo la ejecución del segundo, desde la Red de San Luis hasta la Plaza de Callao, un tramo llano, de calzada más ancha, que en principio se pensó con bulevar (aunque el incremento, ya entonces, del tráfico rodado lo impidió), y por tanto la Avenida en la que todo lo mejor de Madrid quería instalarse.

La neutralidad española en la Primera Guerra Mundial, había dado al país una notable prosperidad económica y permitió continuar los trabajos de la Gran Vía sin que la contienda bélica les afectase.

IT&T había desembarcado en España con una pléyade de sus mejores ejecutivos y técnicos, viendo que el suministro del servicio telefónico en nuestro país era un gran negocio, que además les podría permitir intentar extenderse por otros países europeos, por tanto no escatimaron medios e impulsaron la empresa con grandes inversiones. No obstante también pensaban en atraer a inversores españoles que quisieran entrar en el capital de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), para crear un maridaje más adecuado con el país que les acogía y rentabilizar su inversión.

Así las cosas, era lógico que Telefónica (IT&T) pensara en la Gran Vía para edificar su sede más emblemática, su central española, y ya que el primer tramo de la misma estaba ejecutado, pusieron sus ojos en el segundo.

Los Grandes Almacenes comenzaban también su andadura y la firma: Grandes Almacenes Victoria tenía el mejor solar de la Gran Vía, en la misma Red de San Luis, en el comienzo del segundo tramo, cuando la Avenida comenzaba a ensancharse, con una plaza delante de su fachada, previsto para construir su gran edificio.

Debieron ser importantes las cantidades de dólares que convencieron a estos empresarios de buscar otro lugar para sus Grandes Almacenes, pero lo cierto es que Telefónica se hizo con ese magnífico solar para construir su emblemática sede.

Desde el punto de vista arquitectónico el primer tramo de la Gran Vía es el más novecentista, el más parisino, desde sus comienzos en 1910 nadie se había atrevido a proyectar un edificio realmente moderno, como los que ya se empezaban a ver en las revistas de arquitectura que se estaban proyectando en Chicago o Nueva York, y así seguían las cosas en 1924.

Hay varios edificios en ese tramo que llamaron la atención por su calidad y belleza, pero fue especialmente feliz la solución de la charnela con la Calle de Alcalá donde se produce el giro hacia la Gran Vía, ya que se había demolido la llamada Casa del Cura (el primer piquetazo al edificio se lo había dado el Rey Alfonso XIII dando comienzo a los trabajos en 1910), aneja a la Iglesia de San José, y era muy difícil realizar un edificio que no desentonara con la Iglesia, pero que cumpliera las exigencias de renovación que se requerían.

La Iglesia de San José es un bello edificio barroco, en el que una leyenda dice que fue donde en 1802 contrajo matrimonio Simón Bolívar con su única esposa María Teresa del Toro, aunque la realidad es que su matrimonio se celebró en otra próxima, también dedicada a San José, que fue demolida. Por tanto junto a él había que realizar un edificio barroco pero moderno, fue el arquitecto Juan Moya quien realizó el edificio, que aún hoy se sigue considerando como un ejemplo de integración de lo antiguo y lo moderno.

Y viene a colación esta historia, porque fue Juan Moya en quien pensó la CTNE para realizar el proyecto de su edificio. No obstante las formas de gestión americanas recomendaron la contratación de un arquitecto que trabajara en exclusiva para la Compañía, ya que su expansión por España iba a requerir sus servicios de forma permanente, para este trabajo se contrató a un brillante joven arquitecto, discípulo de Juan Moya, que era Ignacio de Cárdenas, quien había terminado la carrera en 1924.

Ambos se conocían mucho como profesor-alumno, pero no habían trabajado juntos como arquitectos hasta ese momento. Desde el primer trazo las diferencias fueron claras entre ambos, Moya estaba embelesado con la idea de realizar un rascacielos en estilo barroco, algo que consideraba un desafío a su altura, y se empeñaba en realizar dibujos en esa línea, que Cárdenas intentaba suavizar, ya que su idea desde el principio fue la de hacer un edificio moderno como los que proliferaban en Estados Unidos.

La propiedad intentaba mediar buscando algo que uniera ambos estilos, pero íntimamente estaban más en la línea de Cárdenas, si bien en ese sentido no se comprende por qué pensaron inicialmente en Moya, puesto que ya había demostrado cuáles eran su preferencias arquitectónicas. Se dice que fue el Duque de Alba, introductor de la IT&T en España e importante accionista de CTNE, quien recomendó a Moya para el proyecto. Lo cierto es que finalmente éste renunció al encargo y quedó únicamente en manos de Cárdenas.

No obstante los directivos americanos deciden enviar una temporada a Ignacio a Nueva York a trabajar con el Arquitecto Jefe de la Compañía: Louis S. Weeks, para adquirir así el estilo y la técnica que les gustaba en sus edificios.

A su regreso y con todas estas influencias nace el proyecto del edificio que conocemos, redactado por Ignacio de Cárdenas, manteniendo una gran portalada barroca a la Gran Vía y un zócalo de varias plantas en granito de la sierra de Guadarrama, sin embargo a partir de aquí se yergue como un auténtico edificio moderno casi totalmente libre de ornamentación con un ritmo de huecos regular, que se remata en piedra caliza de Monóvar.

La limpieza y racionalidad del ritmo de huecos y fachadas que Cárdenas había proyectado fueron atemperadas ligeramente por la propiedad, con algunos detalles de ornamentación barroca también en las plantas altas, diseñados por el escultor Rafael Vela del Castillo, pero están hechos con tanta discreción y elegancia, que no desentonan ni disminuyen el aspecto moderno del edificio.

El proyecto se prepara con gran detalle, el arquitecto y su equipo, entre los que se encontraban varios de sus más brillantes compañeros de carrera como Ramón Aníbal Álvarez, Luis Martínez-Feduchi, José María de la Vega, José  María Arrillaga etc., no quiere dejar nada al azar y para ello emplea más de un año hasta definir con precisión todo lo que se va a edificar.

Se construye entre 1926 y 1929, con estructura metálica, un gran desafío para Altos Hornos de Vizcaya, y con los acabados en piedra, que antes he comentado, para lo que se organizan  inmensos talleres de cantería en las dos modalidades: Granito y Piedra Caliza, que se tallan expresamente para el edificio.

Los interiores se decoran con lujo y aportaciones de grandes escultores como Emilio Sordelli y pintores como Hipólito Hidalgo de Caviedes, excepto las zonas de trabajo de operaciones, ya que el edificio inicialmente albergaba tanto las oficinas de la Compañía y sus zonas representativas, como las inmensas zonas en las que las operadoras realizaban las conexiones entre los interlocutores, eso duró muchos años hasta que evolucionaron las centralitas automáticas más ligeras.

Con sus 86 metros de altura fue el edificio más alto de España hasta que en 1953 fue superado por el Edificio España, al final de la Gran Vía, en la Plaza del mismo nombre. También inicialmente fue el más alto de Europa, aunque por poco tiempo. El primer rascacielos de verdad de estilo americano que se construyó en nuestro país erguía su majestuosa presencia en el lugar más emblemático de Madrid.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el edificio jugó un papel decisivo, por su gran altura y su situación topográfica elevada en la ciudad, servía tanto como puesto de vigilancia al Ejército Republicano, para observar los movimientos de tropas del enemigo, como al Ejército Nacional para ser objetivo de sus obuses de artillería, ya que sabían que era un centro neurálgico que había que anular. La verdad es que afortunadamente resistió muy bien los bombardeos, que no pudieron más que producir algunos destrozos en su fachada, pero no en la estructura. Las operaciones se trasladaron a las plantas inferiores y siguió prestando servicio a los corresponsales de guerra durante toda la contienda, algunos tan famosos como John dos Passos, Ernest Hemingway o Antoine de Saint-Exupéry.

En ese sentido, seguramente fue de gran ayuda el papel que el propio arquitecto Ignacio de Cárdenas dirigiendo las reparaciones pertinentes prestó para su mantenimiento. Simpatizante de la República se exilió en París terminada la Guerra y debido a sus ideas políticas fue depurado por el Colegio de Arquitectos de Madrid en 1942 (al igual que otros muchos compañeros y por las mismas razones), privándole de su capacidad de ejercicio profesional durante varios años. No obstante en 1947 regresó a España y pudo trabajar con un sobrino suyo, también arquitecto, pero ya de una forma menor, que no hizo justicia al arquitecto que realizó el que aún hoy en día sigue siendo para mí el mejor edificio de la Gran Vía.

En 2003 el Colegio de Arquitectos de Madrid anuló todos los acuerdos por los que en 1942 se depuró a Ignacio de Cárdenas y a otros arquitectos por su adhesión a la causa republicana. Cárdenas que había fallecido en 1979 en El Espinar, un bello pueblo de la Sierra Madrileña, ya no lo pudo conocer.

Pero volvamos al edificio, en este momento sigue teniendo mucha vida, se ha creado el Espacio Telefónica en su interior, está muy bien mantenido, es un emblema de la Compañía y se producen en él grandes exposiciones de arte de su magnífica colección, sin olvidar el Museo de la Telefonía que nos recuerda la evolución de este medio de comunicación a lo largo de los años. También se conservan en uso sus oficinas y salones de recepciones para eventos. Si bien el nuevo Distrito realizado en Las Tablas, por el arquitecto Rafael de la Hoz Castanys y su equipo, es hoy en día el verdadero centro neurálgico de operaciones para la Telefónica del Siglo XXI.

El Edificio Telefónica es el mejor edificio moderno para la mejor Avenida moderna de su época: La Gran Vía, un hito de la arquitectura representativa empresarial de los años 20, que es una joya a preservar y transmitir a generaciones futuras, para que conozcan y disfruten de la evolución arquitectónica y urbanística de la ciudad de Madrid.

Miguel Ángel Álvarez

La Gran Vía: El Madrid Moderno

8 de diciembre de 2014

El pasado 18 de Noviembre la Alcaldesa de Madrid Dña. Ana Botella presentó en el Ayuntamiento el libro del hermanamiento entre la Avenida de Mayo de Buenos Aires y la Gran Vía de Madrid. Este libro es una iniciativa de las Asociaciones de Amigos de ambas Avenidas. Por invitación de la de Amigos de la Avenida de Mayo, a la que tantos lazos familiares y afectivos me unen, redacté dos Capítulos que se han incluido en el mismo. Publico hoy el relativo a la Gran Vía.

Portada Libro Gran Vía y Avda de Mayo

El Siglo XIX fue una centuria perdida para España en términos de progreso y modernidad, las malhadadas circunstancias vividas por nuestro país durante ese tiempo nos abocaron a entrar en el Siglo XX con un importante retraso en muchos aspectos.

Madrid como capital del Reino era en 1900 un fiel reflejo de esta situación, si bien durante el reinado de Isabel II, el de Alfonso XII y la regencia de María Cristina de Habsburgo ya se habían comenzado a realizar labores de embellecimiento urbano con nuevos edificios, que mejoraban la imagen de la ciudad, se había ensanchado la misma y se habían erigido nuevos barrios, aún no se habían acometido obras de grandes avenidas que reflejasen esa voluntad decidida de progreso y modernidad que Madrid y España necesitaban.

Aunque la urbe contaba en la época ya con quinientos mil habitantes, un apiñado caserío seguía ocupando su centro, con una imagen castiza en la que por estrechas callejuelas se entremezclaban corralas con iglesias, pensiones, conventos y palacetes de la aristocracia, en un totum revolutum muy del gusto español, que permanecía desde tiempos de los Austrias.

La definitiva pérdida de los restos del Imperio Español en Cuba y Filipinas en 1898, sumió a los ciudadanos en una profunda depresión colectiva, de la que se esperaba salir con el advenimiento del nuevo Rey Alfonso XIII, él era la persona destinada a liderar la modernización de España y su homologación con el resto del mundo desarrollado, o al menos eso era lo que de él esperaba el pueblo español.

Con anterioridad, tras la aprobación del Plan de Ensanche de Madrid del arquitecto Carlos María Castro, que permitiría a la ciudad crecer con nuevos barrios, es en 1886 cuando el arquitecto Carlos Velasco al realizar la unión de la Calle de Preciados con la Plaza de Callao, redacta los primeros proyectos para una Gran Vía que uniera la Calle de Alcalá con la Plaza de España.

Inicialmente y dada la envergadura de la obra así como las ingentes expropiaciones y modificaciones que representaba para Madrid, la oposición del pueblo fue total y como suele ocurrir en España al final cristalizó en una zarzuela que con el nombre de: “La Gran Vía”, fue compuesta por Federico Chueca, sobre libreto de Felipe Pérez y González, estrenándose ese mismo año, con gran éxito. Así las cosas, el proyecto fue languideciendo entre chanzas populares y mucho más con el fallecimiento del arquitecto en 1888, por lo que momentáneamente se paralizó.

No obstante para las mentes más lúcidas de la ciudad y en particular para su Alcalde el Conde de Peñalver el asunto no estaba archivado, ni mucho menos. Pensando en esa modernidad necesaria para Madrid, el proyecto definitivo de la Gran Vía redactado por los arquitectos municipales José López Salaberry y Francisco Andrés Octavio Palacios se presenta en 1899.

Con tal motivo, la viuda de Velasco interpone una demanda judicial por plagio del proyecto de su esposo, que es desestimada, aprobándose definitivamente el plan para realizar la Gran Vía en 1901.

Comienza entonces el largo y lento proceso de expropiaciones, y el no menos penoso de contratar las obras, ya que su importancia, impopularidad y complejidad asustan a muchos de los contratistas españoles de la época, hasta tal punto que quedan desiertos varios de los concursos que el Ayuntamiento de Madrid convoca para realizarla, es definitivamente el contratista francés Martín Albert Silver el que gana la última convocatoria y se firma el contrato de ejecución de obras en 1909, por veintinueve millones de pesetas, cantidad entonces astronómica.

El proyecto se divide en tres partes, la que va desde el cruce con la Calle de Alcalá hasta la Calle de la Montera-Red de San Luis (denominada tramo B), que es el primer tramo que se acomete, la que va desde la Calle de la Montera-Red de San Luis hasta la Plaza de Callao (denominada bulevar), siguiente tramo, y la que va desde la Plaza de Callao hasta el encuentro con la Plaza de España (denominada tramo A), que es la última que se ejecuta.

Los tramos primero y último, que son en pendiente, se diseñan con 25 metros de ancho, el tramo central, que es llano, tendrá 35 metros de ancho, ya que inicialmente se piensa hacer con un bulevar central ajardinado, hecho que ante el incremento imparable del tráfico rodado por la Gran Vía, desde su inauguración, se abandona, dejando que ocupe también toda la calzada.

Es el 4 de Abril de 1910 cuando en la Calle de Alcalá el Rey Alfonso XIII da el primer piquetazo a la fachada de la Casa del Cura, aneja a la Iglesia de San José, acompañado por la Familia Real, el Alcalde de Madrid José Francos Rodríguez y el Presidente del Gobierno José Canalejas, así como numerosos notables de la ciudad, diplomáticos, otras autoridades y muchos ciudadanos, lo que da idea de la importancia del proyecto y de lo que representaba para Madrid.

Serían ingentes las demoliciones que seguirían a la que aquel piquetazo había iniciado, hasta abrir una Gran Vía en el centro de la ciudad, que comunicaría los nuevos barrios de Salamanca y Argüelles, y que sería el escaparate de todo lo mejor que los madrileños podían ofrecer a residentes y visitantes.

Otras obras que se realizaban en Madrid en la época iban en la misma línea. Se inauguraría también ese año de 1910 el Hotel Ritz y posteriormente el Hotel Palace en 1912, ambos en la Plaza de Neptuno, Hoteles de una categoría y servicios como no había ninguno en la época, se estaban acometiendo las obras del Metro de Madrid, nuevas estaciones de ferrocarril etc., y en definitiva por fin la capital estaba entrando en la modernidad.

El tramo B se desarrolló entre 1910 y 1916, un tiempo récord dada la complejidad de la obra. Simultáneamente a la urbanización de la Vía, con nuevas instalaciones urbanas, se estaban edificando edificios a ambos lados de la misma, de forma que cuando estuvo terminado lo fue tanto desde el aspecto urbanístico como edificatorio.

Las edificaciones de este tramo responden aún a un estilo novecentista digamos parisino, en él se implantaron varias empresas, hoteles y centros de reunión de los más representativos en la España de la época, con edificios como el de la Unión y el Fénix Español, el Hotel Roma o las oficinas de Previsores del Porvenir, el Casino Militar o la Gran Peña.

Las obras del segundo tramo dieron comienzo en 1917 y duraron prácticamente hasta el comienzo de la Guerra Civil en 1936, si bien en sus comienzos la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) le permitió desarrollarse con holgura, dada la opulencia económica que esa neutralidad representó para España, sin embargo los avatares políticos y sociales de los años 20 repercutirían en las obras, con los cambios de Monarquía a República en 1930 y el pronunciamiento militar de 1936 en contra de esta última, que hizo que la guerra apareciera también en la Gran Vía.

No obstante éste es el tramo que encarna en sus edificaciones de modo más claro la idea que la Gran Vía representa, se materializan en él rascacielos dignos del estilo racionalista de Nueva York o Chicago, como el Edificio Telefónica o el Palacio de la Prensa, se abren grandes almacenes como el de la Sociedad Española de Precios Únicos (SEPU), cadenas de radio como la Sociedad Española de Radiodifusión (SER), bares americanos, comercios, cafés elegantes y muchos grandes cines, en definitiva se plasma en la realidad ese gran escaparate que Madrid quiere ofrecer al mundo como ciudad moderna que era.

El tercer tramo da comienzo en 1925, cuando aún estaba en desarrollo el segundo, y aunque la Guerra Civil por supuesto afecta a las obras, sus hoteles y restaurantes acogen a los cronistas que como Hemingway vienen a España a vivir y relatar los tristes acontecimientos, él sería quien definiría a la Gran Vía como una mezcla de Broadway y la Quinta Avenida de Nueva York.

Desde el final de la Guerra Civil en 1939 y a pesar de las dificultades económicas por las que España tuvo que pasar en una durísima posguerra, siempre estuvo claro que había que terminar la Gran Vía y así siguió construyéndose con edificios en un estilo definitivamente moderno, como el racionalista Edificio Capitol en la misma esquina de la Plaza de Callao o el Edificio Coliseum ya llegando a la Plaza de España, y se remató en los años 50 con dos grandes rascacielos como son el Edificio España y la Torre de Madrid, en la misma Plaza.

Con el desarrollismo de los años 60 comenzó un cierto declive de esta magna obra, ya que a pesar de que se habían instalado en sus proximidades los dos Grandes Almacenes más importantes de Madrid: El Corte Inglés y Galerías Preciados, y aunque sus cines y cafeterías todavía conservaban gran atractivo, fueron otras calles de la ciudad las que se pusieron de moda para el comercio de lujo, como la Calle de Serrano o la de Velázquez, ambas en el Barrio de Salamanca.

Y poco a poco comenzó una decadencia que llegaría hasta los años 80, en que por contraste es cuando por fin se llamó de verdad y oficialmente “Gran Vía”, siendo Alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, pues todos los diferentes Gobiernos y Regímenes que se sucedieron durante su larga historia habían aprovechado su imagen para honrar a los héroes de uno u otro bando con diferentes denominaciones, aunque el pueblo siempre la había llamado así.

A partir de esa fecha comienza otra lenta revitalización de la Gran Vía, que sigue siendo una arteria fundamental para Madrid, se restauran muchos edificios, y los antiguos cines se reconvierten en Teatros Musicales o Centros Comerciales, de forma que podemos decir que ha llegado a nuestros días viviendo una nueva juventud, manteniendo su señorío y su atractivo, pero adaptada a los nuevos usos, o a los de siempre actualizados.

La Gran Vía es el gran proyecto de transformación urbana del centro de Madrid en el Siglo XX, representa como ninguna otra obra la voluntad de la sociedad madrileña, y de sus dirigentes, de convertir una zona insalubre, abigarrada y carente de interés, en un espacio de la mayor dignidad que mejora toda la ciudad, algo que coloca a Madrid en consonancia con otras grandes capitales del mundo, que la moderniza y que aún hoy en día continúa siendo un legado imperecedero, tras más de 100 años, que acoge a todos los madrileños y a nuestros visitantes de todo el mundo.

Miguel Ángel Álvarez